• La B, un grupo de vitaminas esenciales para el metabolismo

    La vitamina B, en realidad, es un grupo complejo de diferentes nutrientes hidrosolubles, entre las que podemos encontrar desde la B1 hasta la B12, con diferentes nombres.

    B1 o tiamina, se encuentra en la levadura de cerveza, el germen de trigo, la carne de cerdo, pescado, pan integral, alubias y leche y derivados lácteos. Esta vitamina es esencial en el proceso de transformación de los azúcares, en el metabolismo del oxígeno y en la conducción de los impulsos nerviosos.
     
    B2 o riboflavina: está presente en los quesos, leche, yogur, huevos, carne, pescado, cereales, verduras cocidas y setas. La riboflavina es fundamental en la transformación de los alimentos en energía, ya que favorece la absorción de proteínas, carbohidratos y grasas. Su carencia puede producir anemia, trastornos hepáticos, dermatitis, sequedad y conjuntivitis.
     
    B3 o niacina o vitamina PP: se encuentra en la carne, hígado y riñones, productos lácteos, huevos, cereales integrales, levadura y legumbres. Participa en el metabolismo de los hidratos de carbono, proteínas y grasas, así como en la circulación sanguínea, el crecimiento, funcionamiento del sistema nervioso y buen estado de la dermis. Su carencia produce nerviosismo, insomnio, diarrea, mala circulación sanguínea.
     
    B5 o ácido pantoténico: lo contienen casi todos los alimentos (su nombre significa en todas partes en griego), pero especialmente concentrados en los cereales, legumbres, jalea real, huevos, carnes. Sirve para asimilar los demás nutrientes. Su carencia es poco habitual, sólo asociada a malnutrición, y produce fatiga, alergias, dolor abdominal.
     
    B6 o piridoxina: la contienen la carne, pescado, legumbres, huevos, judías verdes, coliflor, plátano, germen de trigo, levadura seca, hígado y riñones. Sus bajos niveles ocasionan problemas dermatológicos, además de anemia, diarrea e incluso demencia.
    B8 o biotina, o vitamina H: sus fuentes son los alimentos de origen animal, leche y derivados, así como la levadura, aunque las bacterias intestinales pueden producirla. También interviene en la asimilación de grasas, hidratos de carbono y proteínas.
     
    B9 o ácido fólico: la ingerimos en los huevos, productos lácteos, pescado, carne, hígado y riñones. Es fundamental para el crecimiento y desarrollo del sistema nervioso, para la médula ósea, la síntesis de glóbulos rojos y funcionamiento gastrointestinal. La carencia de ácido fólico produce anemia y debilidad en la médula espinal y el cerebro. Es muy recomendable durante el embarazo para garantizar la formación del feto.
     
    B12 o cianocobalamina: existe en muy poca concentración en el huevo, las aves, leches, algas y marisco, pero es producida por algunos microorganismos que viven en las raíces de las plantas. Su déficit puede producir anemia, así como daños en el tejido nervioso y médula espinal. Interviene en el metabolismo de los nutrientes, y ayuda a proteger los nervios.
     
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