El guisante, una diminuta bomba de proteínas
El guisante es una legumbre, hecho no siempre conocido, de la misma familia que las habas, las judías y las lentejas: solemos consumir las semillas frescas que se esconden dentro de la vaina que produce esta planta trepadora, aunque antiguamente era más habitual tomarlas secas, como las lentejas.
El guisante está compuesto principalmente por agua, pero es rico en hidratos de carbono, vitaminas B1 y C, ácido fólico, betacarotenos y minerales como el fósforo y magnesio: con estas sustancias, es un buen aporte nutricional para favorecer la circulación sanguínea y prevenir los infartos, al tiempo que reduce el colesterol malo. Como todas las legumbres, es una fuente de proteínas vegetales que favorecen el desarrollo celular, así como completar los aportes de hierro en personas propensas a la anemia.
Además, los guisantes tienen un efecto regulador del azúcar de la sangre, por lo que son aconsejables para las personas con problemas de diabetes, niños y deportistas, al tiempo que tienen un efecto saciante y favorecen el tránsito intestinal gracias a su abundancia en fibra.
Los guisantes frecos aportan unas 74 kilocalorías por cada 100 gramos, gracias a sus hidratos de carbono y proteínas, ya que tienen muy pocas grasas. La mayor parte de los carbohidratos que contienen son almidones y sacarosa.
Para completar el aporte de los guisantes, que carecen de algunos de los aminoácidos esenciales como la metionina, es bueno combinarlos con cereales como el arroz para obtener una proteína de mayor calidad.
Los guisantes congelados o en conserva son una buena opción fuera de su temporada –la primavera- .