Del cerdo, hasta los andares son buenos
Del cerdo, hasta los andares. O eso dicen, y es que de este simpático y sabroso animalito se aprovecha todo, y todo está bueno: jamón, lomo, tocino ahumado, chorizo, chuletas, morro, manitas, presa ibérica… Pero vamos a analizar si además de rico, es sano.
La carne de cerdo, como todas las carnes, aporta principalmente proteínas, necesarias para el desarrollo de nuestros tejidos. Además, su tipo de lípidos lo convierte en una de las mejores opciones de comer grasas monoinsaturadas –el 48% de la grasa que tiene es de este tipo-, junto con la carne de pollo, que ayudan a reducir los niveles de colesterol malo o LDL, aumentando el HDL o colesterol bueno.
Tiene menos colesterol que el cordero o la vaca, al menos en las piezas magras, y aporta ácidos grasos esenciales como el linoléico y linolénico. Además, al concentrar la grasa en el tejido subcutáneo –el tocino-, es fácil eliminarlo. Lo que sí es una bomba calórica son los intestinos y vísceras, como el hígado o los riñones, y sus ricos embutidos: consumir en exceso chorizo o salchichón no es recomendable, una lástima.
También contiene colágeno, sobre todo las especialidades preparadas con piezas delanteras –la gelatina que desprende al guisarlo-, algo más difícil de digerir. Y aporta vitaminas del complejo B, como la tiamina –hasta 10 veces más que otras carnes- y vitamina B12 o cobalamina, importante para la formación de glóbulos rojos. Su aporte de ácido úrico también es menor que el de otras carnes.
Es importante diferenciar el tipo de cerdo para saber su aporte graso. El cerdo ibérico, alimentado con bellotas en la dehesa, tiene una carne que puede llegar a contener el 50% de grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, las buenas, mientras el cerdo blanco, criado en corral con otro tipo de alimentación, tiene más grasas. El ibérico se usa habitualmente para obtener jamones y embutidos de calidad, mientras el blanco se cría para su venta en canal.
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