• La vitamina B3 mejora los ictus cerebrales

    Administrar a los pacientes que han sufrido un ictus vitamina B3 o niacina, una vitamina común hidrosoluble, puede ayudar a restablecer el funcionamiento del cerebro.

    Este descubrimiento ha sido presentado en Estados Unidos, donde un grupo de investigadores del hospital Henry Ford ha descubierto que administrando esta vitamina a ratas tras un ictus isquémico, éstas producían nuevos vasos sanguíneos y células nerviosas que mejoraban mucho su progresión neurológica.

    Los ictus cerebrales se producen cuando se obstruye un vaso sanguineo que suministra sangre al cerebro, lo que produce serios daños en el paciente, que puede tener posteriormente como secuela graves discapacidades. Uno de los trastornos que producen esta obstrucción es el desarrollo de depósitos de colesterol en las paredes de los vasos sanguíneos: la niacina es la sustancia más potente para aumentar la cantidad de colesterol de lipoproteínas de alta densidad, HDL, -colesterol bueno- que eliminan los depósitos grasos de colesterol malo o LDL.

    En 2009, los investigadores descubrieron que el HDL suele estar anormalmente bajo en los pacientes que ingresan aquejados de un ictus en el hospital, por lo que experimentaron con animales de laboratorio a los que administraron niacina. Esta vitamina aumentaba los vasos sanguíneos del cerebro y el crecimiento axonal y dendrítico de las neuronas, que mejora sustancialmente su funcionamiento.

    Como explicaba Michael Chopp, responsable del estudio, “la niacina esencialmente reorganiza el cerebro, lo que tiene un extraordinario potencial para su uso en humanos. Los resultados de este estudio podrían también abrir puertas a otras áreas de la medicina neurológica, incluyendo las lesiones cerebrales”.

    La niacina o vitamina B3 está presente de manera natural en las carnes magras, los productos lácteos, huevos, pescado, cacahuetes y nueces, cereales en grano, café y té. Al ser un nutriente hidrosoluble, es decir, que se diluye en los líquidos, gran parte de su contenido se pierde en los procesos de cocción.

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    Vitales para el desarrollo de las funciones del organismo

    Se denomina nutriente esencial a todo aquel que no puede ser sintetizado por el organismo humano, pero que es necesario para su correcto funcionamiento: por esta razón, debemos ingerirlos a través de la dieta alimenticia. Su carencia origina serios problemas de salud.

    Son nutrientes esenciales algunas vitaminas, minerales, ácidos grasos y aminoácidos o proteínas.
     
    Entre las primeras, se encuentran las vitaminas A, B1, B2, B6, la C, D, E y K, así como el ácido pantoténico, la biotina, colina, ácido fólico y niacina. 
    Son minerales esenciales el hierro, calcio, potasio, sodio, fósforo, cromo, azufre, bromo, cobalto, magnesio, manganeso, molibdeno, selenio, yodo, vanadio y zinc. Las vitaminas, así como los minerales, se consideran a su vez micronutrientes, ya que las precisamos en pequeñas cantidades.
    En cuanto a los ácidos grasos esenciales, todos son poliinsaturados,  podemos referir los ácidos grasos Omega 3 y Omega 6, ácidos como el Linoleico, Linolénico y Araquidónico.
    Si hablamos de proteínas esenciales, hablamos de ocho compuestos nitrogenados complejos que constituyen la sustancia de las células, son aminoácidos simples como la Fenilananina, Isoleucina, Leucina, Lisina, Metionina, Treonina, Triptófano y Valina. Los niños precisan además Arginina e Histidina. Las proteínas y péptidos están compuestas por moléculas complejas que incluyen de dos a innumerables aminoácidos.
    Las grasas y proteínas, junto a los carbohidratos, forman el grupo de los macronutrientes, ya que aportan energía y se necesitan a diario en grandes cantidades: forman la base de la dieta alimenticia.
     
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    Las grasas Omega 3, protectoras del corazón y el cerebro

    El valor nutricional de los ácidos grasos Omega 3 está cada vez más comprobado, y no hay dudas de que su consumo ayuda a reducir los triglicéridos o colesterol malo LDL, prevenir la arteriosclerosis y reducir la hipertensión. Ya hace tiempo se descubrió que los esquimales, que incluyen en su dieta grandes cantidades de aceite de pescado y animales marinos, tenían ocho veces menos problemas cardiovasculares que otras poblaciones.

    Así, los investigadores han ido descubriendo que estos ácidos grasos son los mejores protectores del corazón, la sangre, las articulaciones e incluso el cerebro y la vista. Previenen las arritmias cardiacas, tienen propiedades antiinflamatorias y mejoran los síntomas y dolores de las artritis reumatoides. Se asocia también como protector frente al cáncer, la osteoporosis y la prostatitis.

     
    Este aminoácido esencial, que nuestro organismo no fabrica de manera autónoma, pertenece al tipo de nutrientes denominados grasas o lípidos poliinsaturados: los principales Omega 3 son el ácido alfalinoleico –y sus metabolitos ácido eicosapentanoico, EPA- y el docosahexaenoico o DHA, que podemos encontrar de forma natural en los pescados azules, el aceite de mamíferos marinos como la foca o la morsa, mariscos como los mejillones, ostras o berberechos, frutos secos –nueces, avellanas y pipas de calabaza sobre todo- semillas y aceites de soja, lino y germen de trigo, verduras como las espinacas, repollo, lechuga y brécol. La leche materna también es una buena fuente de Omega 3. Se recomienda el consumo de alimentos ricos en Omega 3 al menos dos veces por semana, así como un puñadito de almendras o cinco nueces todos los días.
     
    El DHA, además, está relacionado con la actividad neuronal del cerebro; recientes estudios han demostrado que el consumo de este tipo de ácido graso tiene efectos muy beneficiosos en personas con Alzheimer, y en niños con trastornos de Atención Deficiente (TDAH), potenciando la capacidad de concentración y elevando el ánimo. Incluso se recomienda el consumo en forma de suplemento alimentario para las embarazadas y bebés, ya que favorece el desarrollo cerebral y mejora la agudeza visual.
     
    Como en todo, los excesos tampoco son buenos: cuando el consumo de ácidos grasos poliinsaturados supera el 12% de las calorías totales de la dieta, se puede producir un descenso del colesterol bueno o HDL, además de producirse cálculos biliares y dificultarse la absorción de la vitamina E.
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    La B, un grupo de vitaminas esenciales para el metabolismo

    La vitamina B, en realidad, es un grupo complejo de diferentes nutrientes hidrosolubles, entre las que podemos encontrar desde la B1 hasta la B12, con diferentes nombres.

    B1 o tiamina, se encuentra en la levadura de cerveza, el germen de trigo, la carne de cerdo, pescado, pan integral, alubias y leche y derivados lácteos. Esta vitamina es esencial en el proceso de transformación de los azúcares, en el metabolismo del oxígeno y en la conducción de los impulsos nerviosos.
     
    B2 o riboflavina: está presente en los quesos, leche, yogur, huevos, carne, pescado, cereales, verduras cocidas y setas. La riboflavina es fundamental en la transformación de los alimentos en energía, ya que favorece la absorción de proteínas, carbohidratos y grasas. Su carencia puede producir anemia, trastornos hepáticos, dermatitis, sequedad y conjuntivitis.
     
    B3 o niacina o vitamina PP: se encuentra en la carne, hígado y riñones, productos lácteos, huevos, cereales integrales, levadura y legumbres. Participa en el metabolismo de los hidratos de carbono, proteínas y grasas, así como en la circulación sanguínea, el crecimiento, funcionamiento del sistema nervioso y buen estado de la dermis. Su carencia produce nerviosismo, insomnio, diarrea, mala circulación sanguínea.
     
    B5 o ácido pantoténico: lo contienen casi todos los alimentos (su nombre significa en todas partes en griego), pero especialmente concentrados en los cereales, legumbres, jalea real, huevos, carnes. Sirve para asimilar los demás nutrientes. Su carencia es poco habitual, sólo asociada a malnutrición, y produce fatiga, alergias, dolor abdominal.
     
    B6 o piridoxina: la contienen la carne, pescado, legumbres, huevos, judías verdes, coliflor, plátano, germen de trigo, levadura seca, hígado y riñones. Sus bajos niveles ocasionan problemas dermatológicos, además de anemia, diarrea e incluso demencia.
    B8 o biotina, o vitamina H: sus fuentes son los alimentos de origen animal, leche y derivados, así como la levadura, aunque las bacterias intestinales pueden producirla. También interviene en la asimilación de grasas, hidratos de carbono y proteínas.
     
    B9 o ácido fólico: la ingerimos en los huevos, productos lácteos, pescado, carne, hígado y riñones. Es fundamental para el crecimiento y desarrollo del sistema nervioso, para la médula ósea, la síntesis de glóbulos rojos y funcionamiento gastrointestinal. La carencia de ácido fólico produce anemia y debilidad en la médula espinal y el cerebro. Es muy recomendable durante el embarazo para garantizar la formación del feto.
     
    B12 o cianocobalamina: existe en muy poca concentración en el huevo, las aves, leches, algas y marisco, pero es producida por algunos microorganismos que viven en las raíces de las plantas. Su déficit puede producir anemia, así como daños en el tejido nervioso y médula espinal. Interviene en el metabolismo de los nutrientes, y ayuda a proteger los nervios.
     
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    La vitamina C, retinol o caroteno

    La vitamina A o retinol es un nutriente liposoluble esencial para el organismo que interviene en el crecimiento óseo y es importante para la visión, especialmente para la nocturna. Este nutriente está presente en los alimentos de origen animal en forma de retinol, mientras que en los vegetales adquiere otra forma conocida como caroteno, presente en las frutas y hortalizas de colores rojizos, anaranjados y verde oscuro. Las principales fuentes de vitamina A son los productos lácteos, la yema de huevo y el aceite de hígado de pescado, además de vegetales rojizos como zanahoria, calabaza, tomate, brócoli, melón.

    La vitamina A y el retinol son necesarios para el crecimiento y desarrollo de los huesos, de la piel, uñas y cabello, así como para la visión. Previene además las enfermedades infecciosas del aparato respiratorio, y contribuye a la producción de semen y al ciclo reproductivo femenino. Es fundamental para la visión, y al ser un antioxidante natural, previene el envejecimiento celular y el cáncer.
     
    Su deficiencia, pues, provoca problemas oculares, bajas defensas, alteraciones óseas y sequedad de piel. Pero también su exceso, generalmente debido al inadecuado consumo de suplementos vitamínicos, genera efectos tóxicos, como náuseas, ictericia (coloración amarillenta de la piel), irritabilidad, vómitos, visión borrosa, dolor de cabeza y alteraciones mentales. Estos síntomas a veces hacen confundir el exceso de vitamina A con la anorexia nerviosa.
     
    La Cantidad Diaria Recomendada (CDR) de Vitamina A varía según la edad y el sexo, de la persona, pero oscila entre los 400 microgramos de los bebés hasta los 600-900 de los adolescentes y adultos.
     
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    El sol fija la vitamina D, pero también produce daños

    Tomar el sol no sólo es placentero y permite lucir  una piel bronceada. Los rayos solares también tienen la capacidad de fijar la vitamina D, por lo que hay quien recurre a esta práctica con la idea de prevenir enfermedades como la osteoporosis. Sin embargo, la radiación solar también tiene efectos negativos sobre el organismo, por lo que los expertos recomiendan no hacerlo sin un protector adecuado. Así lo indica el doctor Jean Krutmann, del Instituto Environmental Health Research de Duseldorf, que recuerda que el sol provoca fotoenvejecimiento e incluso cáncer de piel.

    Para este experto, los médicos "no deberían animar a la gente a tomar el sol" para obtener esa "dosis extra" de vitamina D, un compuesto liposoluble también presente en algunos alimentos que ayuda a los huesos a absorber el calcio y a evitar la osteoporosis. Según Krutmann, la población puede "malinterpretar" estas recomendaciones y no utilizar fotoprotección "para conseguir así que el cuerpo produzca más vitamina D".
      
    Por este motivo, más que tomar el sol, este especialista aconseja incluir en la dieta suplementos de vitamina D junto a verduras, frutas y hortalizas, "para mantener unos niveles óptimos de este compuesto y de otros antioxidantes" en el organismo. Esto es especialmente recomendable en las mujeres posmenopáusicas, donde la absorción del calcio es "crucial" para evitar que aparezcan los primeros síntomas de la osteoporosis, recordó.
    Entre los agentes nocivos de la radiación solar, el profesor Krutmann destacó el gran desconocimiento que existe en torno a la radiación infrarroja A (IRA), uno de los principales responsables del envejecimiento prematuro de la piel que además "puede llegar a tener efectos nocivos sobre la salud a largo plazo". Del total de la radiación solar a la que el cuerpo humano está expuesto, los IRA son los que penetran hasta la capa más profunda de la piel (hipodermis), y representan un 31 por ciento de la energía solar, frente al 6,8 por ciento de la radiación ultravioleta (UVA y UVB).
    En este sentido, estudios recientes han confirmado que los IRA provocan "una importante respuesta biológica de los fibroblastos", moléculas encargadas de regular el colágeno de la piel y de evitar que ésta sea dañada por los agentes externos, señaló Krutmann. Hasta ahora, la gran mayoría de fotoprotectores se han centrado en absorber o reflejar los rayos ultravioleta A y B, también perjudiciales para la piel, pero "ningún producto ha prestado atención a los IRA", explicó.
      
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    El guisante, una diminuta bomba de proteínas

    El guisante es una legumbre, hecho no siempre conocido, de la misma familia que las habas, las judías y las lentejas: solemos consumir las semillas frescas que se esconden dentro de la vaina que produce esta planta trepadora, aunque antiguamente era más habitual tomarlas secas, como las lentejas.

    El guisante está compuesto principalmente por agua, pero es rico en hidratos de carbono, vitaminas B1 y C, ácido fólico, betacarotenos y minerales como el fósforo y magnesio: con estas sustancias, es un buen aporte nutricional para favorecer la circulación sanguínea y prevenir los infartos, al tiempo que reduce el colesterol malo. Como todas las legumbres, es una fuente de proteínas vegetales que favorecen el desarrollo celular, así como completar los aportes de hierro en personas propensas a la anemia.
    Además, los guisantes tienen un efecto regulador del azúcar de la sangre, por lo que son aconsejables para las personas con problemas de diabetes, niños y deportistas, al tiempo que tienen un efecto saciante y favorecen el tránsito intestinal gracias a su abundancia en fibra.
    Los guisantes frecos aportan unas 74 kilocalorías por cada 100 gramos, gracias a sus hidratos de carbono y proteínas, ya que tienen muy pocas grasas. La mayor parte de los carbohidratos que contienen son almidones y sacarosa.
    Para completar el aporte de los guisantes, que carecen de algunos de los aminoácidos esenciales como la metionina, es bueno combinarlos con cereales como el arroz para obtener una proteína de mayor calidad.
    Los guisantes congelados o en conserva son una buena opción fuera de su temporada –la primavera- .
     
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